Hay un río

Hace frío (siempre va a hacer frío) y hay un río. Él nunca nos vio ni nos va a ver. Conjeturo. Toda mi vida te conjeturo. Hiciste la literatura. Nunca serás más que eso.
Hay un río. Sólo sombras y noche. Cuántas veces vinimos y vendremos aquí. Ninguna.
Artificio. El deseo.
Hay un río y lo miramos. Me ves casi de reojo, casi no me ves. Estamos juntos y no hay mucho que decir, no hay palabras. Sonreímos un poco. Si decimos algo, es lo banal. La luna está lejos y te oigo suspirar. Siempre la distancia. Tanto, tanto tiempo.
Te quiero decir algo pero no sé qué. Yo no sé decir.
   Me acerco y me hundo en vos, en un abrazo que tampoco dice nada. Tiemblo mientras escribo. Fundís tus brazos atrás de mi espalda, nos cercamos, nos unimos. Estás más alto, desde arriba me mirás. Me acerco despacio y te beso. Perdón por nunca hacerlo. Perdón por haberlo hecho. Perdón porque esto sea mentira. No me perdones. No me nombres.
Entre beso y beso, me alejo un centímetro de tu nariz, y te sonrío. Esbozás una sonrisa. Ojalá fuera eterna. Ojalá  nunca me hubieras hecho esto. Ojalá tantas cosas. Ojalá y subjuntivos y nada.  Hay un río.
Te siento tan cerca y te dibujo en el aire. No hay ni voces, ni aromas, ni nada. Sólo un río. Sólo la impresión de que la vida y la muerte, de que la noche y el día, somos nosotros. Nunca nos vamos a encontrar. La muerte va a venir sólo cuando ya esté muerta, sólo ahora que ya estoy muerta. Sólo habrá noche cuando ya no haya más día. Ni noches ni días. Quería el espacio donde no haya opuestos pero en ese espacio nunca encontraríamos. En realidad, no nos encontraríamos en ningún espacio.
Tengo miedo porque sé.
Tengo miedo porque no sé.
Te aferraste en ese colchón de una plaza y media al único momento en donde podríamos perpetuarnos. Me rozaste apenas la piel y bastó para todo. Rozaste apenas mi vida y bastó para todo.
Hace frío y tiemblo.
Ya no hay río.
Hay una hoja y escribo. ¿Hay o no hay río?
El negro azabache se fundió sobre el dorado en esos cinco segundos que nunca existieron. Y siempre había recuerdos pero nunca había futuro. La esperanza de todo y la posibilidad de nada. Nunca nos dejamos ni nos tuvimos. Nunca existimos. Simplemente, en la noche de los abrazos en la que nos besamos (nunca fue), me dijiste que quizás en otra vida. Yo ya tengo mi vida y no quiero otra.
Por qué en otra vida, te pregunté.
Porque ahora estás muerta, me dijiste.
Si pudiera oírte con la voz real, con los ojos reales en el río real. Si pudiera saber dónde está lo real, dónde pecamos. Si esa noche de frazadas finas, en el piso mil, fuera real. Si el tiempo me diera un espacio, una única vez, de anclarme al único (¡te juro que es el único!) puerto que no me quiso amarrar… Si tan sólo nada.

(Hace frío, siempre va a hacer frío, y hay un río. Nos escapamos para que toques mis huesos. Nos escapamos para arrinconarnos en el único rincón del universo que no existe: un abrazo entre los dos).

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