Vencimiento

Podría haber perdonado tantas cosas.

Pero el frío…

Una noche me recosté sonriendo sobre la línea de tu abdomen. Pensaba que eso era la vida. Los milagros se caían dentro de los vasos llenos de espuma. Era un silencio tan ameno que quizás no decir nada sólo probaba que las cosas no podían marchar mejor.

Pero la vida…

Recuerdo ese sonido de romper contra la arena, una dos tres mil veces, así, sin comas, así seguido todo, tan rápido, sin pausas. Creí que podríamos encapsular todos los segundos acá, adentro. Y siempre hay que llegar, siempre hay que volver, al barro y la neblina de una vida que no empezó todavía o que terminó hace mucho. Yo ya no sé.

Pero tus ojos…

Me creí que de verdad una vez, una vez por fin, ¡sólo una vez!, iba a tenerlo todo: mi todo no es mucho. Me mirabas descreyendo de mis posibilidades, un poco nulas. En el fondo, sabías que no iba a lograrlo. Y ante tu negativa, igual siempre visualizaba el calor de un plato humeante sobre la mesa de un mediodía de invierno; me imaginaba bienvenidas acaloradas (sobre todo imaginaba bienvenidas), botellas llenas de agua en la heladera, y el café de granos gruesos en un frasco rebosante que nunca se gastaría.

Pero la paradoja…

Vi cumplir a otros lo mismo que hacía que mis agallas sangren, lo mismo que me deja sin pulso (ya no hay aire). Te vi perderte y alejarte, te vi morir en mis brazos tantas veces. Había una cruz: pedí el traslado del dolor; sólo yo puedo aguantarlo. Tal vez se cumplió. Ahora, quizás, sólo se haya reduplicado todo en mí. Me hice cargo de todas las distancias y no logré recomponer ni siquiera un centímetro. No pude decirte lo que podría haberte salvado y en eso, estoy segura, podemos estar a mano. Con tu mano enterraste todas las esperanzas.

Pero el susurro…

Cuando quitaste de mí la probabilidad de poder ayudarte a transitar, creo que mataste el fantasma que pensaba que una noche, una noche en el fin del mundo, con suerte todo acabaría. Ya no soy capaz. Porque pedís mi silencio casi tanto como yo busco oxígeno. Estoy como vencida, así, podrida. Pero vencida en todas las posibles entradas que te dé el diccionario. Hiciste estallar con furia y violencia los últimos cristales que quedaban en el lugar de mi sangre. Me prohibiste poder mirar el calendario porque sólo hay que esperar pero no sabés (¡si tan sólo supieras!), cómo el tiempo apremia.

Pero la noche…

Sólo hay una. Apagaste el cigarrillo como ayer, como siempre, y me dijiste que, como yo, estabas condenado a morir lentamente…

Pero sin mí…

 

 

 

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