Voyeur

Hay campo. Y tu cara que se cruza en miles de camiones (aparece entre la niebla y resalta lo nefasto). Si las nubes si el sol si nada hay que elimine, por fin, tu ADN del aire hoy que es sólo tu risa un sonido intermitente que se cuela por cualquier canción (me apagaron la radio), por cualquier sonido que tiene una cuerda menos, o dos o tres (nunca supiste manipular ningún instrumento). Hacés que se pare el motor infiltrándote en cada giro del reloj, parándonos acá (el asfalto se volvió un lugar lleno de inquietudes). Y yo me acuerdo del voyeur de las cinco de la mañana. Esa noche los abismos se alejaron tanto que intento escribir porque hay que retener (escribir no es un ejercicio de memoria, la mnemotecnia falla desde que dejé de rimarte). Habías cantando sobre mi oído convenciéndome de la única verdad del mundo (acaso las otras no importarían). Siempre las tablas de madera del banco, siempre los bancos, siempre ahí, nos miran y no podemos mirarnos, y nos hablan y no podemos hablarnos, y cambiemos el tiempo de los verbos porque ya hoy no sé si tu 0+ tiene algo que ver con todo esto, (¿eras 0+?, ni siquiera sé bien pronunciar tu nombre). Y corrías a mi lado (este montaje de anécdotas se está volviendo un álbum de recuerdos, ahora que puedo hilvanar en un párrafo casi cien años de mi vida -y gracias a Dios no he vivido tanto-), y en tus pestañas había sombras de duelos que no sé bien si alguna vez terminaron, tal vez te maté ese día que te saludé en el acto vulgar de marcar la distancia. Hay campo pero había vino azul, había vino que era horrible y la certeza de la inmovilidad del espacio, eternamente el mismo sitio y los mismos rostros transfigurándose, exactamente la ropa de hace dos semanas, las tiras invisibles y un cabello húmedo /viniste hoy por qué no viniste hoy sí viniste hoy/ e inevitablemente la misma sensación de que en algún punto final o cercano habría un oasis (los puntos finales tienen esa duda innata de nunca poder ser finales del todo porque pueden extenderse con dos puntos más y violar todas las leyes del tiempo y de la linealidad, romper las conclusiones).  Y todo este párrafo tenía como objetivo saber si perdí esos dos puntos pero, de todos modos, no hay revancha tal que me deje tocar  (el voyeur quizás seguirá pasando por ahí, seguirá buscándonos, o tal vez sea tan intenso este invierno que no habrá hojas de árboles siquiera que nos cubran (pero pasaban los autos y nos iluminaban y mis dedos se habían adaptado al barro de)) tu piel. Tu piel de barro. 

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